Comparación

Frente a los receptores de infrarrojos

El equipo de toda la vida: emisores en la sala y un receptor con auriculares para cada asistente. Funciona, y tiene un coste que casi nadie cuenta entero.

Los sistemas de infrarrojos o de radiofrecuencia resuelven el reparto del audio, no la traducción: alguien tiene que estar hablando en ese canal. Aun así se comparan con esto, porque desde el punto de vista de quien organiza son la misma línea del presupuesto.

Dónde está cada uno

En qué ganan los receptores

No necesitan cobertura ni datos. En una cripta, un búnker, una mina o un sitio sin señal, siguen siendo la única respuesta que funciona.

En qué gana esto

No hay nada que repartir, recoger, cargar ni desinfectar. Cada uno usa su móvil y sus auriculares, y el coste no crece con el número de asistentes.

El coste escondido

Un receptor cuesta poco; el personal que los reparte y los cuenta, las pilas, los que se pierden y el almacén no. En un acto de trescientas personas eso es una persona a jornada completa.

Lo que no dan los receptores

Un canal de infrarrojos necesita a alguien traduciendo en él. Esto trae la traducción; aquello sólo la transporta.

Cuándo siguen ganando ellos

Sin cobertura de móvil ni wifi para el público, esto no funciona y no hay vuelta de hoja. Tampoco en un público que no lleva teléfono ni auriculares — que existe, y en actos de gente mayor es más común de lo que parece desde una oficina.

Lo que suelen preguntar

¿Puedo usar los dos a la vez?
Sí, y es razonable: receptores para quien no lleva móvil y enlace para el resto. El audio de salida es el mismo.
¿Y si el wifi de la sala va mal?
El audio traducido pesa poco, pero necesita estabilidad. Si el wifi de la sala es dudoso, es mejor decirle al público que use sus datos.
¿Cuántos oyentes aguanta?
No hay límite de oyentes ni coste por oyente: se cobra el habla, no cuántos escuchan.