Frente a los subtítulos en pantalla
Leer no es lo mismo que escuchar. Los subtítulos en directo funcionan, y tienen un coste de atención que se nota en cuanto el acto dura más de veinte minutos.
Es la comparación más frecuente, porque poner subtítulos automáticos en una pantalla es fácil y barato. La pregunta no es si se entiende, sino qué está haciendo el público mientras lo hace.
Dónde está cada uno
En qué ganan los subtítulos
Se ven sin auriculares, funcionan en una sala ruidosa y sirven a quien no oye. Y una pantalla la comparte todo el mundo sin que cada uno tenga que hacer nada.
En qué gana la voz
Se escucha mirando a quien habla. Con subtítulos, el público mira la pantalla y se pierde a la persona, las diapositivas y lo que se está señalando.
El cansancio
Leer subtítulos una hora cansa mucho más que escuchar una hora. En un acto largo, la mitad de la sala abandona la pantalla y se queda a medias.
No hay que elegir
Aquí van los dos a la vez: la voz traducida en el móvil de cada uno y el texto en la misma pantalla del móvil, para quien prefiera leer o para quien no oiga bien.
Cuándo bastan los subtítulos
En un acto corto, en una sala donde nadie va a ponerse auriculares, o cuando el público principal es sordo. Si además el contenido es muy visual —cifras, gráficos, demostraciones— leer al lado de lo que se enseña estorba menos que en una charla hablada.
Lo que suelen preguntar
- ¿Puedo tener las dos cosas?
- Sí, y es lo normal: cada oyente ve el texto en su móvil mientras escucha la voz. No hay que elegir por toda la sala.
- ¿Los subtítulos van más rápido que la voz?
- El texto aparece antes que el audio traducido, porque generar la voz añade su tiempo. La diferencia es de menos de un segundo.
- ¿Se pueden poner subtítulos en una pantalla grande?
- Lo que damos es texto en directo por sala y por idioma. Llevarlo a una pantalla de la sala es cosa de quien monta el acto, y con una sola pantalla hay que elegir un idioma.