Comparación

Frente a una cabina de intérpretes

No es lo mismo y no lo pretende. Esto es más barato, se monta en un día y escala a catorce idiomas; un intérprete entiende la intención, y eso todavía no se sustituye.

La comparación honesta empieza reconociendo para qué se inventó la cabina: para que alguien con criterio decida, en tiempo real, qué quiso decir el que habla. Eso sigue sin tener sustituto. Lo que sí ha cambiado es que ya no hace falta pagarlo para todo.

Dónde está cada uno

En qué gana la cabina

En matiz, en intención y en responsabilidad. Un intérprete interpreta un chiste, una ironía o una frase a medias, y responde de lo que dijo con su nombre. En una negociación o en una rueda de prensa, eso no se sustituye.

En qué gana esto

En coste, en número de idiomas y en poder montarlo el día antes. Dos intérpretes por idioma y por jornada es el precio de una cabina; aquí el segundo idioma cuesta 0,35 de lo que cuesta el primero.

Se pueden usar los dos

Cabina en la sala principal y esto en las salas paralelas, o cabina en los dos idiomas grandes y esto en los otros siete. Es lo que hace la mayoría de quien nos llama.

Lo que no cambia

En ambos casos, lo que decide el resultado es el sonido de la sala. Un micrófono lejano hunde por igual a un intérprete y a una máquina.

Cuándo contratar la cabina

Cuando una palabra tiene consecuencias jurídicas o económicas, cuando el acto es hostil o improvisado, o cuando hay un compromiso institucional de interpretación humana. Si la respuesta a «¿qué pasa si esto se traduce mal?» es algo caro, la cabina no es un gasto sino un seguro.

Lo que suelen preguntar

¿Cuánto cuesta cada uno?
Nosotros cobramos por minuto de habla, y el precio está publicado en la página de precios. El de una cabina depende del país, del idioma y de la jornada, y lo da la empresa que la monta: pide las dos cifras para tu acto concreto, no para un acto genérico.
¿Se puede empezar por esto y contratar cabina si no funciona?
Al revés: prueba esto en una sesión pequeña antes del acto grande. Cuesta unos euros y sales de dudas con tu sala y tus micrófonos, que es lo único que importa.
¿Se nota la diferencia?
En una ponencia técnica preparada, poco. En un coloquio con público interrumpiendo, mucho. La pregunta no es cuál es mejor sino qué clase de acto es el tuyo.