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La minuta de una reunión

Se llamaba «acta» hasta el 03/09/2026 y se cambió por un motivo: en castellano corriente un acta de una reunión recoge los acuerdos, y esto no interpreta nada — es lo que se dijo, ordenado y con sus minutos. La palabra prometía más de lo que entrega, y el equipo de la web acabó vendiendo el resumen creyendo que vendía esto.

Minuta es «extracto de lo tratado», que es exactamente esto, y ya era la palabra del código: RateResumenConMinuta, ConMinuta(), ComposeAMinute. Sólo la dirección y la columna seguían diciendo acta.

Y deja libre la palabra «acta» para el día que se venda un acta de verdad, con sus acuerdos.

La dirección sigue siendo /acta y el nombre de esta página también. Las dos están publicadas: la dirección la llaman clientes, y el enlace de esta página está repartido. Renombrar el fichero borraba la página publicada —lo paró el guardián del manual al intentarlo— así que lo que cambia es lo que se lee, no la dirección. Si algún día se cambia el enlace, hará falta una redirección.

Una reunión puede guardar lo que se dice y entregarlo después como un documento: quién dijo qué, con el minuto en que lo dijo, en los idiomas que hubiera.

Esto no va sobre subir una grabación —eso es mandar una grabación— sino sobre las reuniones que ocurren en Liora.


Está apagado, y hay que encenderlo

Por defecto no se guarda nada. Cuando una reunión termina, lo que se dijo se descarta, y eso es lo que dice la política de privacidad.

Guardarlo es un cambio, y va con su interruptor: se enciende al crear la reunión o después, y se puede apagar en cualquier momento.

Y hace falta que la reunión produzca texto. Un acta se hace con lo que se reconoció, así que una reunión sin traducción y sin transcripción no puede tener acta: no habría nada que guardar. Si se pide, se contesta que no y se dice por qué.

Qué se guarda, y qué no

Se guarda el texto: cada intervención, con su minuto de inicio y de fin, quién la dijo, y sus traducciones si las había.

El audio no se guarda. Nunca, en ningún paso, ni en un temporal. Todo lo que hace el acta trabaja sobre el texto que ya se había reconocido.

Y lo que se guarda va cifrado, como los mensajes.

Cómo se baja

En cuatro formatos: txt, md, json y pdf.

Los tres primeros son para leerlos una persona. El json es el que se integra: lleva cada frase con su hora, su minuto dentro de la charla, en qué idioma se dijo, quién la dijo si se separaron voces, y sus traducciones. Es el que sirve para meter un acta en el expediente de una sesión, buscarla o cruzarla con el orden del día, sin tener que adivinar dónde acaba cada frase en un texto plano.

El documento no está guardado en ningún sitio: se compone en el momento en que se pide. Eso tiene una consecuencia buena —no hay una segunda copia que se quede por ahí— y otra que hay que tener en cuenta, y va justo debajo.

El PDF no siempre se puede ofrecer. Un PDF sólo dibuja lo que su letra sabe dibujar, y hay escrituras para las que la máquina puede no tener letra. Cuando eso pasa, el PDF no se ofrece en vez de entregar un documento en blanco: el txt, el md y el json salen siempre y son correctos en cualquier idioma.

Quince días

El acta se puede bajar durante quince días. Es el mismo plazo que todo lo que guarda algo que alguien dijo, y pasados esos días el documento ya no está.

Por eso se puede mandar por correo, a la dirección que se quiera —no tiene que ser la de la cuenta: puede ir a quien lleve las actas, o a alguien que ni siquiera tenga cuenta—. Ese correo es la copia que queda, así que conviene guardarlo.

Y se puede borrar antes, cuando se quiera: el acta es de quien la tiene.

Sale marcada como borrador, y es importante

El documento lleva en su cabecera —no en un pie— que es un borrador y no un acta firmada.

No es una fórmula de cortesía. Ni el reconocimiento de voz ni la atribución de quién habló son exactos, y la atribución no sirve como prueba sin revisarla. Donde el sistema dudó de quién estaba hablando, el documento lo dice: pone «hablante probable» en vez de afirmarlo.

Un acta automática es un borrador que alguien revisa. El documento lo dice para que quien lo lea lo sepa sin que nadie se lo tenga que explicar.

Y quien entra por un enlace lo sabe

Quien entra por un enlace no tiene panel donde ir a mirar nada, así que se lo dice la propia reunión: su aplicación le puede decir si lo que dice se está pasando a texto, si ese texto se guarda y cuántos días vive. Es su voz, y enterarse no debería depender de que alguien se lo cuente.

Lo que no puede hacer es cambiarlo. Encender o apagar que se guarde lo que se dice es una decisión de la cuenta —empieza a escribir lo que dicen los demás y lo paga quien paga—, y quien entra por un enlace no pertenece a ella.

Hasta el 4 de septiembre de 2026 no se le decía nada, y era peor de lo que parece: en una reunión con subtítulos y sin traducción cada aplicación transcribe su propio micrófono, y la de un invitado no llegaba a enterarse de que tenía que hacerlo. Su voz se oía en la sala y no aparecía en los subtítulos de nadie ni en el acta. Sin ningún aviso: desde dentro parecía que no había hablado.

Quién puede verla

Quien organiza la reunión, y nadie más — tampoco quien estuvo invitado. Si hace falta que le llegue a otra persona, se manda por correo a su dirección, que es justo para lo que está.


La minuta y el resumen son dos cosas, y se piden por separado

La minuta es literal: lo que se dijo, ordenado y con sus minutos. No interpreta nada, y por eso sirve para volver a un momento concreto.

El resumen sí interpreta, y desde el 1 de septiembre de 2026 trae tres cosas: el resumen propiamente dicho con los temas tratados y lo que quedó sin contestar, las decisiones y las tareas. Si además se pide la minuta entera, añade los acuerdos de trámite —los de abrir, cerrar y secundar—, que son los que se pierden si nadie los busca a propósito.

Aquí decía que no sacaba decisiones ni tareas, y era falso. Estuvo escrito mientras nuestro backend pedía una sola capa, y esa decisión se apoyaba en una medición que resultó no existir. Se corrige el día que se comprobó.

Lo que sí conviene saber antes de usarlo: la lista de decisiones recoge la mayor parte de lo que se decidió, no cada cosa. Medido sobre una reunión de cuarenta y tres minutos: tres de cinco. Por eso el documento sale marcado como borrador y por eso lo revisa alguien antes de darlo por bueno.

Se dice aquí porque es la primera pregunta que hace quien lee «acta», y porque un manual que la deja sin contestar deja a alguien esperando algo que no va a llegar.