Lo que se dice en vuestro templo, en el idioma de quien lo escucha.
Y no sólo la misa: los peregrinos de agosto, la boda de mayo, la visita guiada, el encuentro de sacerdotes y lo que queda escrito después. Lo montamos nosotros, sobre el sonido que ya tenéis.
Una instalación de verdad, en la Catedral de Santiago
Un equipo en la sala, el audio saliendo hacia el motor y la traducción llegando al teléfono de quien escucha. Más de cinco horas seguidas, en uno de los entornos acústicos más hostiles que existen.
Una nave llena, y cada uno en el suyo.
El sacerdote habla desde el ambón como habla siempre. Lo que dice una vez llega a todos los bancos, y cada quien lo oye en el suyo: sin cabina, sin receptores y sin que nadie reparta nada en la puerta.
La piedra no perdona, y de eso depende todo.
Una nave de piedra devuelve la voz tres y cuatro veces. Es el sitio más difícil en el que hemos puesto esto a funcionar, y es de donde salen las cifras que contamos en el resto de la web.
La bóveda es la misma para todos
No la quitamos, ni podemos: sigue ahí arriba. Lo que se decide el día de la instalación es si la voz entra al micrófono antes de que la bóveda la toque.
El micrófono manda sobre todo lo demás
El del ambón y el de petaca cogen la voz limpia. Un micrófono colgado en la nave coge la nave entera — y lo que no se entiende al oído tampoco lo entiende la máquina.
La prueba son dos minutos
Antes de contratar nada: grabad dos minutos con el móvil pegado a un altavoz de la megafonía y escuchadlo. Si vosotros lo entendéis, nosotros también.
Esto no era para la misa: es para todo el año.
La misa es una hora a la semana. Lo que de verdad tiene delante una parroquia, una catedral o un santuario es un año entero de sitios donde alguien habla y alguien no entiende.
La misa, cada domingo
El sacerdote habla como habla siempre. Quien no entiende el idioma abre un enlace en su móvil, elige el suyo y lo oye unos segundos después.
Los peregrinos del verano
En un sitio de paso no se sabe si el domingo vendrán alemanes o coreanos. Pueden estar los dos abiertos a la vez, y un grupo que llega con su propio guía puede tener su propia sala.
Bodas y funerales de dos países
Media capilla de una familia y media de la otra. Es un día suelto: se enciende esa mañana y se apaga al terminar.
La visita guiada
Un templo que además se visita, y un museo al lado. El grupo escanea un código al empezar y cada uno sigue al guía en el suyo.
Catequesis, cursillos y formación
Clases y cursos donde el idioma no puede ser el filtro de entrada, sobre todo con familias que acaban de llegar.
Encuentros y jornadas
Un encuentro de sacerdotes, una jornada diocesana o un capítulo general con delegaciones de muchos países.
El consejo, y lo que se acordó
Un consejo pastoral o económico deja su acta: lo que se decidió, quién se lleva cada cosa y en qué minuto se dijo.
Lo que se imprime y se manda
La hoja parroquial, una carta pastoral, un decreto. Documentos enteros traducidos, sin volver a maquetar nada.
Para quien escucha: un código y ya está
No hay que repartir nada. Ni receptores, ni auriculares que devolver, ni pilas, ni alguien en la puerta contándolos. El código va en la hoja parroquial, en el cartel de la entrada o pegado en el banco: se apunta con la cámara, se elige idioma y se escucha.
Un código y ya está
Ni una app, ni una cuenta.
apunta al código
elige tu idioma
escucha y lee
Y quien vuelve —una parroquia de barrio, un santuario al que se peregrina cada año— se instala desde ese mismo código la aplicación con vuestro nombre, y la próxima vez entra sin buscar nada.
Y cuando es cara a cara
Casi todo lo que enseñamos es uno hablando y muchos escuchando. Pero en un santuario pasa mucho lo contrario: llega alguien de fuera, no habla el idioma, y quiere hablar con una persona diez minutos y en los dos sentidos.
Va en las dos direcciones
Cada uno habla en el suyo y oye al otro en el suyo. No hay que ponerse de acuerdo en una lengua común ni turnarse un aparato.
No hay botón que apretar
Se habla y se contesta. Nadie tiene que esperar a que el otro termine de escuchar para poder empezar.
Y no queda nada
La voz no se guarda nunca. Cuando la conversación acaba no queda una lista, ni un historial, ni un fichero.
Si la misa ya se emite
Muchas parroquias ya retransmiten. Ahí caben dos cosas distintas y conviene no confundirlas: traducir, para quien no habla el idioma, o subtitular, para quien sí lo habla y no oye bien. Se pueden tener las dos: se traduce cuando hay a quien traducir y se subtitula cuando no, frase a frase.
Traducir
YA TRAE EL TEXTO
Texto
SE ENCIENDE SOLO
Voz y texto, y el acta al terminar.
Sin texto no hay acta: la sala no se crea.
Y para el vídeo que queda colgado después, los subtítulos salen con sus tiempos, listos para ponerlos encima.
Ver cómo salen los subtítulosY si lo queréis, queda escrito.
El texto no se enciende solo y no es nuestro: es vuestro. Una parroquia puede no querer nada de esto y usar sólo el directo — la voz no se guarda nunca, con el texto encendido y sin él.
No queda nada si no lo pedís
El directo funciona sin dejar rastro. El texto sólo existe si la sala está puesta para guardarlo, y eso lo decidís vosotros, no la celebración.
Y lo que quede es vuestro
La hoja parroquial, la web, o quien no pudo venir. Sale en todos los idiomas que estuvieran abiertos y no hay que volver a escribir nada.
También lo que ya teníais grabado
Las grabaciones de antes se convierten en texto y se traducen. No hace falta que se dijeran con esto puesto.
Y cuando se reúnen los que ofician
Un encuentro de sacerdotes, una jornada diocesana, un capítulo general con hermanas de treinta países. Eso es un congreso multilingüe, y se monta como tal: una sala por cada sala física, con sus idiomas y su enlace.
Encuentros y jornadas
Cada sala con sus idiomas. Añadir uno el día antes es un cambio en el panel, no una contratación.
Capítulos generales
Semanas de sesiones y delegaciones de muchos países. Sin cabinas, sin tarima y sin repartir receptores cada mañana.
Y el acta al terminar
Cada sesión deja su transcripción con los tiempos, y de ahí sale lo que se decidió y quién se lleva cada cosa.
Y si no puede salir del recinto
En la Catedral de Santiago el audio se transcribe y se traduce dentro del edificio y no sale de él. El motor entero puede correr en vuestro propio hardware: no hay ninguna API ajena en la que confiar, porque no hay ninguna a la que llamar.
Quién hace qué
Nosotros
- Ir al sitio, mirar la nave y hablar con quien lleva el sonido.
- Sacar una auxiliar de vuestra mesa y dejar el equipo enganchado.
- Preparar las salas, los idiomas y los códigos que se imprimen.
- Probarlo en la nave, con vuestro sonido, antes de que llegue nadie.
- Mantenerlo puesto y estar pendientes cuando toca.
Vosotros
- Contarnos qué se celebra y qué idiomas hacen falta.
- Hablar como habláis siempre.
Cuándo esto no os vale
Cuatro cosas que preferimos deciros nosotros antes de que las descubráis vosotros.
Si no hay mesa de sonido
El audio sale de una salida auxiliar de la mesa que ya tenéis. Sin mesa, o con un micrófono que recoge la nave entera, el resultado baja mucho.
El latín no está
El motor traduce a catorce idiomas y ninguno es latín. El ordinario cantado en latín no va a salir. La homilía, las lecturas y las moniciones, que es lo que hace falta entender, sí.
Un intérprete entiende la intención
Una máquina traduce lo que se dijo. Para una homilía preparada la diferencia es pequeña; para una conversación difícil, no lo es.
Y hacen falta auriculares
Un teléfono sonando en una nave molesta a los de al lado. Quien no lleve los suyos lo sigue leyendo igual de bien.
Esto no tiene tarifa: tiene presupuesto
No hay dos templos iguales. Depende de las horas, de los idiomas, de si el equipo se queda puesto o se monta para un día, y de si hay que desplazarse. Lo que sí hay es un número cerrado antes de empezar y ninguna sorpresa después.
¿Preferís montarlo vosotros y pagar por minutos? Eso son las integraciones, y tienen precio público.
Ver los precios de integracionesCuéntanos tu evento
Con cuatro datos te decimos si podemos y cuánto cuesta. Contestamos en menos de 48 horas.
Contadnos qué se celebra y os decimos cómo se hace
Una parroquia con turistas en verano, una catedral que emite cada mañana o una jornada de un solo día. Con cuatro datos sabemos casi todo.
Contadnos vuestro caso