Dónde se usa

Un congreso que se sigue en catorce idiomas

El ponente habla desde el atril. Cada asistente escucha en el suyo desde su móvil, sin cabina, sin receptores y sin que nadie reparta nada en la puerta.

Un congreso con público internacional tiene dos maneras de resolverlo: pagar cabinas e intérpretes por idioma y por jornada, o dejar que la mitad de la sala siga la ponencia a medias. Esto es una tercera, y no reemplaza a un intérprete humano en todo — lo dice más abajo, en su sitio.

De dónde sale el audio

De la mesa de la sala o del atril. En un congreso ya hay técnico de sonido y ya hay una mesa: se saca una auxiliar y se manda. Si hay varias salas en paralelo, cada una es una sala distinta en el panel, con sus propios idiomas y su propio enlace.

Cómo se monta

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    El técnico saca una salida auxiliar de la mesa hacia el aparato, o se conecta el audio del programa que ya emite el acto.

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    Se crea una sala por cada sala física, con los idiomas de esa sesión.

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    El código va en el programa de mano, en la pantalla antes de empezar y en la web del congreso.

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    Al terminar, la transcripción de cada sesión queda disponible y sirve de actas.

Por qué encaja en un congreso

El coste no crece con la sala

Da igual que escuchen treinta personas o mil: se cobra lo que se habla, no cuántos escuchan. Con cabina, cada idioma más son dos intérpretes más.

Varias salas en paralelo

Cada sala es independiente, con sus idiomas y su enlace. No hay que multiplicar equipos ni personal por sala.

Se decide el día antes

Añadir un idioma es un cambio en el panel, no una contratación. Si a última hora confirma una delegación, se añade y ya está.

Queda el texto

Cada sesión deja su transcripción con los tiempos, en todos los idiomas que estuvieran abiertos. Sirve para actas, para subtítulos del vídeo y para el buscador de la web del congreso.

Cuándo hace falta un intérprete de verdad

En una negociación donde una palabra cambia un contrato, en una rueda de prensa hostil, o cuando el ponente improvisa, se interrumpe y bromea con la sala. Un intérprete humano entiende la intención y decide; una máquina traduce lo que se dijo. Para una ponencia técnica preparada, la diferencia es pequeña; para un coloquio tenso, no lo es.

Lo que suelen preguntar

¿Sirve si el ponente habla rápido o con acento?
Con acento, bien: se entrena con voz real y no de estudio. Con prisa, también, aunque cuanto más se atropella el habla más se junta todo — y eso le pasa igual a una persona escuchando.
¿Y si el ponente cambia de idioma a mitad?
La sala tiene un idioma de origen configurado. Si alguien se pasa a otro, esa parte sale peor. En sesiones donde se sabe que va a pasar, lo razonable es crear una sala por idioma de ponente.
¿Puede el público hacer preguntas y que se traduzcan?
Sí, si la pregunta pasa por un micrófono conectado a la mesa. Lo que no entra en la mesa no se oye.
¿Cuánto cuesta un congreso de dos días?
Se calcula por habla: dos jornadas de ocho horas con cinco horas de ponencia real al día son diez horas de habla. Con cuatro idiomas, esas diez horas son 20,5 horas de crédito. En la página de precios está la cuenta con los números de cada paquete.